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2.0 human behavior
La idea de la diagonalidad supone el establecimiento de la más corta distancia entre dos puntos. Requisito indispensable de la modernidad y excluyente de la posmodernidad.
La diagonalidad puede también entenderse como la búsqueda de procedimientos simplificatorios por sobre la tentación de lo complejo. Aquellos que, amparados en temores o veleidades intelectuales –en realidad, ambos conceptos soportan fuertes lazos de unión- tienden, por lo general, a configurar espacios para la acción destacadamente despilfarratorios, aun en aquellas situaciones que no muestran mínimamente ocasión para ser dadas vuelta en búsqueda de sentidos ocultos.
La diagonalidad es una forma de vivir la vida tendiendo a avanzar, a evitar el imperio de las dilaciones. Cuando no se evidencian mecanismos evasivos o escapatorios, la diagonalidad es una demostración de solvencia vital. “Hacer la diagonal”, se reclama en el fútbol a aquellos con capacidad de llegar a las instancias de definición.
La diagonalidad contiene también la capacidad de iluminar para adelante, ofreciéndonos la posibilidad de pensar, desde diferentes puntos de partida, aquellos que serán de llegada. Aunque a veces ocurre que los puntos de partida y de llegada trazan recorridos coincidentes para muchos navegantes, aconteciendo así el colapso y la saturación del camino resultante de la unión de ambos puntos. ¿Debe pensarse que este problema de sobrecarga es una razón que invalida, o al menos pone límites al principio de la diagonalidad? Creo que no. Simplemente es una muestra de su sentido estrictamente metodológico; del hecho de que la diagonalidad debe ser un medio para la cursación de búsquedas creativas.
La diagonalidad tiene que ver con la diversidad, con la saludable convivencia de impresiones y representaciones de las cosas desde orígenes variados. Y con modalidades creativas también distintas, así como de expectativas de arribo a diferentes puertos.
Pocas cosas encuentro más obvias de la realidad nacional que la inexistencia de esta figura conceptual que suele identificarse como el “ser nacional”. Si alguna vez existió (solo como potencialidad, claro) debió haber sido hace mucho tiempo.
Esta idea de un proyecto común entre distintos sectores de la sociedad representa un tiempo ido, todavía redituable en el campo político electoral, pero sin ninguna señal objetiva que permita considerarla como una posibilidad por andar.
La alta fragmentación de la sociedad argentina es irreversible, al menos en el marco de un proceso democrático y el respeto por los derechos individuales. Y es por ello que debemos ponderar su alto valor: La imposibilidad de reconciliar posiciones sociales en Argentina es el costo de vivir una experiencia que tiene sus horizontes en la democracia. Read the rest of this entry »
Es impresentable el nivel de amateurismo de la oposión. Estuvo planchada durante los 6 años que lleva la gestión K, ninguneada y literalmente forreada por los más elementales políticos oficiales, y aun así sigue jugando de sparring.
El kirchnerismo perdió por goleada hace pocos días. Pero tiene la suerte de tener una oposión tan básica que lo habilita, aun en la decadencia, a seguir armando estrategias de sobrevivencia.
¿Quién puede creer, sensatamente, que este gobierno pueda dar un efectivo cambio de rumbo? ¿Se puede ser político opositor profesional y ser tan funcional al armado de una facción en caída libre? Read the rest of this entry »
Existen diferentes teorías abocadas a estudiar los procesos de desarrollo, esto es, a conocer qué es lo que hace que algunos países alcancen niveles de calidad de vida superiores mientras otros permanecen sumergidos en estadios definitivamente peores.
Sean estas teorías economicistas, institucionalistas o culturalistas, se destaca el hecho común de reconocimiento de ciertos indicadores que permiten establecer “momentos” de desarrollo, al tiempo que comparaciones entre los procesos que permiten su consecución.
Indicadores como el nivel de ingreso o el acceso a ciertos bienes deberían objetivamente reconocerse como resultados superiores de la organización social; pero suele ocurrir que no existe acuerdo pleno en este punto. Read the rest of this entry »
Deberíamos desmitificar y desmistificar ciertas concepciones acerca de la creatividad entendida básicamente como momentos de inspiración sublime, de esos que frecuentemente se suelen ambientar en la soledad y en una experiencia de expulsión de mierdas interiores. Es el estereotipo que fácilmente reconocemos y asociamos con el artista o el intelectual.
Cierto que la creatividad tiene de inspiración. Claro que hay momentos mejores para encontrarnos a gusto frente a cualquier situación que requiera de nuestras habilidades. Pero antes que eso creo que la creatividad es ese estado de fluidez y vitalidad que solo aparece cuando logramos despojarnos de los obstáculos e inhibiciones que la ansiedad, la angustia e incluso la melancolía nos asestan. Mejor: cuando decidimos exponernos positivamente a los fracasos (aparentes o reales), que derivan invariablemente de lo anterior. Ante estas situaciones, el creativo intenta sobreponerse a los mismos, e incluso puede celebrar esos fracasos como parte del movimiento.
La creatividad es, entonces, aquél ataque duro que podemos asestarle a esa parte de nosotros que resiste al cambio, al crecimiento personal. Y se logra a partir de intentos que, uno tras otro, nos van habilitando a desarrollar la capacidad del ritmo.
En esta línea, el buen emprendedor es aquél que se arma con las herramientas que le permiten avanzar en la construcción de su propio destino. Aquel que decide, sostenidamente, poner a prueba sus ideas y fantasías.
Lo llamativo de estos días no es que se piense en contruir un muro divisorio entre grupos, sino que no se hayan construido hace 70 años.
El muro como universal antropológico:
La idea de un muro divisorio es tan antigua como la propia humanidad. Construido como fosas, con ramas espinosas, con piedras y con otros materiales de los que se disponía en cada lugar, los muros son parte constitutiva de la identidad de todo grupo. El muro es la referencia permanente y visible de alteridad sobre la que se contruye la propia identidad. Una especie de afirmación del “yo” colectivo. No es otra cosa que la propia idea de frontera.
El gran valor social de los muros, debemos reconocerlo, está en que llevan las batallas al terreno de lo simbólico, evitando así luchas que indudablemente serían mucho más cruentas.
Aclaración: Otra aproximación al tema de los muros sería la moral, pero como considero que las aproximaciones morales no aportan luz a la comprensión de ningún tema, esta perspectiva será soslayada. Desde una perspectiva moral la idea de muro es una idea que no me agrada.
Hitos en la historia – el Muro de Berlín: Read the rest of this entry »
En la Argentina, país de estructura productiva poco convencional, todas las personas de la Población Económicamente Activa (PEA) son empleados públicos. Algunos lo son de manera directa, esto es, poseen relación laboral de dependencia (en el sentido amplio del término) con el estado y el gobierno.
Otros, viven de suculentos subsidios, directos o encubiertos, que les permiten sostener estructuras productivas no competitivas, financiadas por el conjunto de la población. Hablo de la mayor parte del empresariado industrial, aquel que alienta devaluaciones cada vez que el tipo de cambio le muestra su incompetencia.
Tenemos además los clientes políticos más desfavorecidos, aquellos que viven o subsisten de las migajas que les acercan las políticas sociales. Al estar formuladas a contramano de las tendencias mundiales, estas políticas sociales no hacen más que crear bolsones de clientes. “Planes sociales”, cajas de comida y toda otra práctica política tendiente a conferirles dignidad cero son la contrapartida para la prestación de servicios de movilización.
Estos grupos son los más evidentes, los que tienen relación más directa con el “Sistema Nacional de Clientelismo Gubernamental”, algo que definitivamente puede considerarse com la única “política de estado nacional”. Pero no son los únicos.
Al desplegarse un “modelo” como el que conocemos, no hay manera de que el resto de las actividades económicas puedan ubicarse por fuera de esto. Los médicos (cuando no son empleados del sistema nacional de salud) viven del sistema de obras sociales y seguros de salud, subsectores altamente ineficientes que finalmente banca el estado. Los abogados, al no existir un espacio real para dedicarse a asesorar en cómo crear negocios y riqueza, deben orientar sus profesiones al litigio de lo que sea. Los contadores igualmente sirven para intentar desentrañar la galleta creada por un sistema impositivo complejísimo.
Los comerciantes cambian por dinero los productos que el tipo de cambio del momento habilita, los investigadores quieren estar en el conicet o las universidades del estado, los publicitarios y productores de medios viven de la pauta oficial o de pautas privadas que solo pueden existir en la bonanza financiera que asegura el no tener necesidad de ser competitivo.
La lista puede seguir hasta el final. Todos son receptores directos e indirectos de supuestos beneficios públicos derivados de una cultura reactiva al espíritu emprendedor. El rol del estado, entonces, es el de bancar un sistema improductivo, generando incentivos para sostener esa ficticia realidad. Se crea así un círculo vicioso con amplias capacidades de reproducción y difusión. Este modelo crece hasta la realización de una crisis, destino seguro de esta forma de entender el mundo y deseo social profundo que asegura la reposición de incentivos cada vez más alejados de las bases para el desarrollo.
Pareciera que el término escasez es bien importante. Incluso existe una disciplina científica construida en torno a él. Se define a la escasez como la existencia de una cantidad inferior de bienes y/o servicios de los que son demandados.
Pero ¿porqué hablamos de escasez? Lo que llamamos escasez ¿es en realidad un punto de partida epistemológico? Básicamente, no. La escasez es un derivado; primero porque hace referencia a alguna cosa, y en segundo lugar porque pretende imponer una unidad de medida para dicha cosa.
Y esa unidad de medida es arbitraria y no puede definirse objetivamente. Ni en la más elemental de las mediciones. ¿Respecto de qué un bien es escaso? O lo es de alguna definición de necesidades o lo es respecto de una demanda insatisfecha. Hasta el cálculo de necesidades calóricas es imposible de objetivar a menos que se imponga las necesidades del gasto que se realizará. De ahí en adelante, toda estimación solo incrementa complejidad. No hay escasez como una condición ex ante a la organización social y económica. Ni nunca la hubo. Read the rest of this entry »
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